EL TUY
Existió en época lejana un niño muy pícaro y malcriado. Desde pequeño fue consentido y sus familiares le toleraban sus ocurrencias, así que cuando creció se convirtió en un muchacho grosero y patán con la mamá. Si ella lo regañaba, le contestaba con malas palabras, desobedecía todas las órdenes que le daba y siempre gozaba con llevar la contraria. Aunque la gente mayor le amenazaba, asegurándole que los hijos que se portaran mal con los padres, y más si intentan pegarles se los lleva el diablo, el muchacho no hacía caso de estas advertencias y cada vez que la señora lo regañaba o hacía ademanes para castigarlo, el joven malcriado cogía el mandador y desafiaba a la progenitora a que le pegara para responder de igual forma.
Cierto día, justamente la víspera de la fiesta de los angelitos, la madre preparó una masa para hacer unos tungos o envueltos que serviría en el almuerzo que, para festejar esa fecha religiosa, había ofrecido a unos compadres que vivían en el pueblo y a quienes esperaba esa misma tarde.
El muchacho quien no perdía oportunidad para hacer pilatunas a la anciana madre, esperó que ella dejara en la cocina la masa en preparación mientras iba a la topochera por las hojas de topocho y plátano para envolver los tungos. Entonces entró, revolviendo la masa con un palo de leña y cuando sintió los pasos de la señora salió corriendo y dejó la puerta de la cocina abierta para que entraran los cerdos y se comieran la masa… cuando la madre llegó a la cocina y vio a los cerdos todavía saboreando la masa y peleándose la olla donde la había preparado, imaginó enseguida que el incidente lo había preparado su hijo. Lo buscó, pues, el joven confesó tranquilamente y en medio de groserías que era él quien había dejado la puerta de la cocina abierta.
Al comprobar las sospechas, la viejita levantó el mandador que había llevado para castigarle. Inmediatamente el muchacho malcriado se lanzó sobre la señora, le arrebató el mandador y le dio un fuetazo. Como por obra de Dios y como ésta es una acción muy mala que Él castiga duramente, el rejo del zurriago se devolvió e hirió al joven en una pierna. La madre llena de mucho pesar por el comportamiento del hijo se retiró de la cocina a llorar.
Después de varios días la herida que dolía mucho, empezó a llenarse de pus; pero el joven realmente arrepentido por su mal comportamiento, no contó a su madre nada de lo que ocurría, sino que una noche de invierno, oscura y lluviosa, salió sigilosamente del cuarto, montó en un marranito derrengado y partió. Su perro Tuto que lo vio salir fue tras él.
Como el muchacho se arrepintió de sus malas acciones, Dios no le convirtió en espanto, sino que lo castigó dejándolo por ahí, como eterno andariego, se le llama “Tuy”, porque cuando en las noches muy oscuras, el perrito de le extravía, él silba “tuy, tuy, tuy…”, para que le animal se oriente y puedan reunirse de nuevo.
El Tuy se alimenta de tierra amarilla de los bachaqueros, en ancas del marranito que lo transporta de un lado a otro, lleva un taparito lleno de agua para hacer la sopa de tierra para comer o para calmar la sed que le producen las largas travesías que realiza en época de verano.
Cuando el invierno se pone muy bravo, el Tuy se convierte en pájaro para pasar los ríos crecidos y para seguir desandando, pero antes deja el marranito amarrado a algún árbol, a orillas del río y al perro Tuto cuidándolo. Al regreso, se convierte de nuevo en muchachito y sigue deambulando por las sabanas montando su marranito y acompañado por su fiel perro Tuto.
“Tuy, tuy, tuy…”, es el silbo que escuchan los llaneros en las noches negras de invierno. “por ahí va el tuy…” dice algún…, “ajá…”, responde el otro… y entonces relatan la historia del sute malcriado que quiso pegarle a la mamá y que como castigo por su mala conducta lo convirtió en Tuy…
Los niños guardan silencio. Y se duermen con la cabeza envuelta en la cobija, rezando en voz baja el Avemaría… (Oropeza, 1998)
Referencias
Oropeza, M. G. (1998). El Tuy, El Sute Malcriado que quiso pegarle a la mamá. En M. G. Oropeza, Cuentos para Antes de Acostarse. (págs. 35 - 40). Bogotá: G.R. Impresores.



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