LEYENDA CARIBE

  
LEYENDA CARIBE


El gran Purú, semidiós, creó la yuca brava para alimento de sus mujeres, son hermosas muchachas dedicadas a cuidarle día y noche. Las jóvenes esposas no envejecían por su voluntad mientras le obedecieran ciegamente, pero aquella que no lo hiciere, inmediatamente envejecía y era reemplazada por otra hermosa jovencita. A la mujer rechazada y envejecida se la arrojaban a unos peces voraces que la devoraban en el acto.

Una mañana el gran Purú pidió no ser despertado por nadie durante un mes, pues necesitaba descansar en un prolongado sueño. Aconteció que mientras él dormía llegó procedente de Barraguan a las playas del Orinoco (allí habitaban los Purú) una enorme culebra que empezó a devorar primero a los niños y luego a toda la que fuera a bañarse. Al poco tiempo empezó a salir de noche y se llevaba las personas que dormían cerca a la puerta de la maloca.

Una de las esposas del gran Purú, ante el terror sembrado por el enorme ofidio decidió despertarlo para contarle lo que estaba aconteciendo. El gran Purú perdonó su desobediencia y enseguida mandó llamar a su hijo mayor para que fuera a matar a la culebra.

El príncipe se fue al río, allí la encontró y la hirió con un relámpago que la partió en tres secciones que se convirtieron en los raudales de Carichana, Atures y Maipures. Antes de morir la enorme culebra abrió los ojos que parecían despedir chispas de fuego y por el derecho empezaron a salir hombres y por el izquierdo mujeres que se abalanzaban sobre los cadáveres de los muertos que esa mañana había causado el culebrón.

Los nuevos hombres y mujeres se dieron a devorar carne humana ante los aterrorizados ribereños que al verlos en semejante canibalismo los asociaron con los peces que se comían a las mujeres y  los llamaron Caribes al igual que ellos; por eso se convertirían en un mar turbulento y peligroso. Quien se bañara en ese mar, cumplidos los quince años sería un terrible guerrero.

El gran Purú al ver lo que pasaba lanzó un grito sonoro y se empezó a transformar en las rocas del Vichada. En las noches de invierno tormentoso se escucha el ronco eco de su voz que en forma de trueno aparece en la bóveda celeste, mientras él rueda de nube en nube sacudiendo el cielo del Vichada.


Relato según versión de Miguel Martin.


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